Estos días previos a la Navidad, me han llegado recuerdos de la infancia, siendo la protagonista mi amada madre, que siento me habla dulcemente a mi oído para recordarme el verdadero espíritu navideño.
También viene a mi mente el recuerdo de mi abuelita por parte de mi padre, llena de sabiduría de la vida y fortaleza hasta pasados los 90 años y que quedó viuda a los 35 años con 5 hijos y nos decía. Antes de extender sus actividades de ayuda a círculos lejanos, primero miren las necesidades de su familia, amigos y vecinos y apoyen en lo que puedan.
Qué pena madre y abuelita decirles que hoy las personas no tienen tiempo ni para pensar en ellas mismas, mucho más en los demás. Se vive muy de prisa, sin pensar que la prisa va comiendo la energía, va evaporando el alma y dejando vacío al corazón.
Se requiere un gran esfuerzo diario, hacer conciencia que nosotros somos la vida y es nuestra responsabilidad llenar al corazón de acciones buenas, no solo en la Navidad, sino mientras vamos caminando.